El próximo alcalde o alcaldesa de Tunja asumirá el poder en un contexto atípico, marcado por la inestabilidad institucional tras la salida de Mikhail Krasnov y un periodo de gobierno reducido a menos de año y medio. Este escenario obliga a quien resulte elegido a actuar con rapidez, eficacia y claridad estratégica para recuperar la confianza ciudadana y restablecer la gobernabilidad.
Uno de los principales desafíos será conformar un equipo de gobierno altamente capacitado, con experiencia comprobada y liderazgo sectorial. La brevedad del mandato no permitirá curvas de aprendizaje prolongadas, por lo que cada decisión deberá estar respaldada por conocimiento técnico y capacidad de ejecución inmediata.
A esto se suma la necesidad de ejercer una gerencia pública sólida, que articule de manera efectiva las relaciones con el Gobierno departamental y nacional, así como con los distintos actores sociales, económicos y académicos de la ciudad. Solo mediante este trabajo conjunto será posible avanzar en el cumplimiento del Plan de Desarrollo Municipal y materializar programas y proyectos clave.
Otro reto crítico será mejorar la ejecución presupuestal. Durante los últimos años, la ciudad ha registrado superávits superiores a los 100.000 millones de pesos, reflejo de una baja capacidad de inversión pública. El nuevo mandatario deberá priorizar una gestión eficiente de los recursos, orientada a resolver necesidades urgentes de la ciudadanía y evitar que los fondos queden sin utilizar en los bancos.
En este proceso, será fundamental el compromiso articulado de toda la estructura administrativa: desde el despacho del alcalde hasta las secretarías, unidades especiales, departamentos administrativos y entidades descentralizadas. La gestión no puede limitarse al sostenimiento burocrático, sino que debe enfocarse en resultados concretos y medibles.
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